La clamidia es una de las infecciones de transmisión sexual (ITS) más comunes en todo el mundo. Los últimos datos facilitados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) estiman que cada año se producen alrededor de 131 millones de nuevas infecciones por clamidia a nivel mundial.

Aproximadamente el 70-80 % de las personas infectadas con clamidia no presentan síntomas evidentes.

Los contenidos de este sitio web se publicaron en mayo de 2023. La información que reflejan puede haber sufrido cambios o quedar desactualizada. Si tienes alguna duda, contáctanos.

¿Qué es la clamidia?

Es una infección de transmisión sexual (ITS) causada por la bacteria Chlamydia trachomatis.

La clamidia fue descubierta en 1907 por el médico alemán Stanislaus von Prowazek y su colega polaco Fritz Schaudinn, quienes la identificaron en tejidos infectados en un estudio sobre la tricomoniasis.

El origen etimológico de ‘clamidia’ se remonta al vocablo griego ‘khlamys’, el cual se traduce como ‘capa’ o ‘manto’. Este término fue escogido debido a la manera en que la bacteria invade las células humanas, ya que se introduce en ellas y se protege con una envoltura que la permite evitar el sistema inmunitario de la persona.

La infección también se conoce como clamidiasis.

¿Cómo se transmite la clamidia?

La clamidia se puede transmitir a través de las secreciones genitales (de la vagina o la uretra), así como de las secreciones de las mucosas faríngeas y anorrectales, por cualquier persona infectada, independientemente de si presenta síntomas de infección o no.

Las prácticas sexuales por las que se puede transmitir la clamidia, haya o no eyaculación, son:

Penetración vaginal o anal sin protección
Prácticas de sexo oral (felación, cunnilingus y anilingus) sin protección
Fisting y fingering sin protección
Compartir juguetes sexuales.

Las personas embarazadas que tienen clamidia pueden transmitir la infección al bebe durante el parto.

¿Qué síntomas tienen las personas con clamidia?

Con frecuencia, los síntomas surgen aproximadamente entre 2 y 14 días después de la exposición a la bacteria, aunque en algunos casos pueden manifestarse más tarde. Muchas personas con clamidia no presentan síntomas.

Según la zona en la que se produce la infección:

Genitales femeninos: flujo vaginal anormal, dolor en el bajo vientre, sangrado durante la penetración, dolor o escozor al orinar, manchado entre períodos menstruales. Estos síntomas solo aparecen en un 20 %-30 % de las infecciones, en el resto de los casos la infección no genera ningún tipo de síntoma.

Genitales masculinos: dolor o ardor al orinar, secreción anormal del pene y dolor o hinchazón en uno o ambos testículos. Estos síntomas se producen solo en la mitad de los casos de infección por clamidia.

Zona anorrectal: secreción anormal, escozor y dolor al defecar (en ocasiones con sangrado). En la mayoría de los casos la infección es asintomática.

Garganta: puede causar sequedad o dolor, tos, dificultad para tragar y, poco común, secreción. En la mayoría de los casos la infección es asintomática.

Los síntomas de la clamidia también pueden confundirse con los de otras infecciones de transmisión sexual o problemas de salud. Por ello, se recomienda buscar atención médica especializada en ITS para obtener un diagnóstico y tratamiento correctos.

¿Cómo se diagnostica la clamidia?

La clamidia suele detectarse mediante un análisis de orina o mediante la toma de muestras en el ano, la uretra o la garganta.

¿Se puede tratar y curar la clamidia?

Sí, la clamidia es una infección que se puede tratar y curar con antibióticos. El tratamiento de la clamidia, generalmente, implica tomar antibiótico durante 7 días en la mayoría de los casos.

El tratamiento también puede ayudar a aliviar los síntomas de la infección, aunque algunas personas pueden experimentar síntomas persistentes durante algún tiempo después del tratamiento.

El tratamiento no inmuniza frente a futuras infecciones.

¿Cómo evoluciona la clamidia si no se trata?

Sin tratamiento, en algunos casos, muy pocos, se puede producir una autocuración.

En el resto de los casos, si no se trata, la infección puede provocar:

Enfermedad inflamatoria pélvica (EIP), una inflamación en la pelvis que puede dañar los órganos reproductivos femeninos, y puede causar dolor pélvico crónico, infertilidad y otros problemas de salud.

La clamidia también puede aumentar el riesgo de embarazo ectópico, un embarazo que ocurre fuera del útero y que puede ser potencialmente mortal.

Además, puede causar epididimitis (inflamación dolorosa del epidídimo, que es el canal que conecta los testículos con los conductos deferentes) y prostatitis, lo que puede causar inflamación y dolor en la zona genital.

La clamidia también puede causar una forma de artritis llamada artritis reactiva, que se caracteriza por la inflamación de las articulaciones, los ojos y los genitales.

¿Cómo se puede prevenir la clamidia?

El riesgo de infección se puede reducir de manera significativa al emplear preservativos u otros métodos de barrera que impidan el paso de secreciones infecciosas durante el sexo vaginal, anal y oral.

En caso de utilizar juguetes sexuales, es recomendable colocar un nuevo preservativo en cada uno de ellos antes de su uso con cada persona y práctica sexual (vaginal, anal u oral).

Es aconsejable lavarse las manos después de manipular preservativos usados, juguetes sexuales o después de mantener relaciones sexuales.

¿Qué relación existe entre la clamidia y el VIH?

Las personas con clamidia pueden tener un mayor riesgo de contraer el VIH si se exponen al virus.

La razón detrás de esto es que la clamidia causa inflamación y daño en los tejidos genitales y anales, lo que aumenta la vulnerabilidad a otras infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH. Además, el VIH y la clamidia comparten los mismos factores de riesgo, como tener múltiples parejas sexuales, compartir agujas para inyectarse drogas y tener relaciones sexuales sin protección.

Si se tiene clamidia, es importante descartar la posibilidad de haber contraído otras ITS y el VIH.